En una nota periodística reciente mencioné que hay ciertas muestras de artistas que ofrecen una suerte de refugio ante “el griterío exterior”, contaminante de todos los estamentos de nuestra realidad política, de la vida cotidiana y como no podría ser de otra manera, del mundo del arte.

 

Es saludable y también alentador visitar el estudio de Laura Benchetrit donde encontré suavidad, calidez y silencio. El silencio necesario para la contemplación de una obra pequeña.

 

¿Qué quiero decir? ¿Qué no es importante?. Todo lo contrario.

 

Afortunadamente, su obra está situada fuera del arte espectáculo, del arte de moda, de lo controversial, por lo controversial mismo.

 

Lo suyo es el hacer. Un hacer que al encuentro con el crítico y también el contemplador, despierta vivencias, está abierto a la posibilidad de un intercambio intelectual y a una percepción emocional.

 

Desconocía su obra, pero a través de diferentes catálogos he podido observar que en el papel, su principal soporte, como lo señaló el crítico Fermín Fevre en 1993, desarrolló “un registro expresivo atmosférico, sin apoyaturas ni referentes figurativos, ni otros recursos de imagen”.

 

Una materia evanescente, un repertorio cromático que a la manera de grafismos hacen la forma, o no forma construida con gran intensidad espiritual.

 

Gradualmente aparece la geometría, así lo constatamos en el catálogo de su exhibición de 2007: cuadros y cuadros- objeto, tablas que se superponen en las que “encierra” formas más ligadas a lo concreto, mucho más racionales pero que también dejan lugar a su capacidad para llenar ciertos vacíos con recursos provenientes de su dominio del grabado.

 

Por eso, el crítico Julio Sánchez señaló que esa nueva serie “construía un puente entre dos dimensiones bien definidas…un eslabón entre lo visible inmediato y lo invisible adyacente”.

 

Convocada para escribir este texto sobre su muestra actual siento que en este momento todo fluye naturalmente: el color de los fondos, una geometría se desliza sugerentemente, parece avanzar, consiguiendo profundidad y espacio para fusionarse con sus técnicas favoritas, acuarela, pastel, collagraph dentro de los límites impuestos por el marco convencional.

 

“La aniquilación del sujeto del arte, del artista, en la desinvestidura del acto creador”, frase algo apocalíptica de Jean Baudrillard (“El Complot del Arte”) pero que constantemente martilla y desencadena en mí, sentimientos encontrados y dudas acerca del alcance de mi percepción, me permite valorar la actitud y el hacer mencionado, ya que Laura Benchetrit está alejada de lo superficial, lo insulso y lo obvio.

 

Los críticos nombrados coinciden cuando se refieren a una inevitable asociación con el misticismo oriental.

Sun Kuo - t´ing , un maestro de la estética taoísta , dice que hay tres períodos en la práctica de la caligrafía y por ende de la pintura.

 

Creo que Laura Benchetrit está en el tercer período, en el que “ha ordenado todos sus recursos para juntarlos en un estilo simple y de apariencia fácil. Y aquí estamos en la cima del logro artístico”.

 

Laura Feinsilber

Miembro de la Asociación Argentina de Críticos de Arte